¿Puede un niño o un adolescente estar deprimido?

Los datos nos indican que un 2-3% de los niños y adolescentes pueden sufrir una depresión. Las características y síntomas que presentan varían y son diferentes según la edad. En el último año, y estrechamente relacionado con la aparición de la pandemia y toda la situación social y económica que esta ha generado, estas cifras están aumentando.

La presentación de la depresión en la infancia y la adolescencia varía en algunos aspectos de la que estamos acostumbrados a ver en la edad adulta, aunque algunos de los indicadores sí pueden ser los mismos.

Como en la mayoría de situaciones clínicas que podamos detectar en niños y adolescentes, vemos un cambio del funcionamiento previo, es decir, funcionaba de un modo más o menos normalizado y “desde hace un tiempo está diferente”, algo ha cambiado, tiene otra actitud, se comporta de otro modo, hace cosas que no hacía o ha dejado de hacer otras que eran habituales para él.

Cuando hablamos de depresión, este tiempo en el que vemos esos cambios o síntomas, debe ser superior a dos semanas.

El primer síntoma que nos viene a todos a la cabeza cuando pensamos en alguien que está deprimido es el bajo estado de ánimo, es decir, le vemos triste, decaído. Pero este síntoma es el que precisamente puede variar en esta etapa del desarrollo. Con más frecuencia veremos que el niño o adolescente está irritable. Así pues le notaremos más contestón, que protesta más, se queja de todo, se enfrenta más a los padres o profesores, llora de rabia en algunas ocasiones, y parece como si siempre esté enfadado.

También podremos encontrarnos que ha perdido el interés por cosas por las que antes sí lo tenía y le apetecían (estudio, salidas, relaciones sociales, deportes, hobbies…). “Desde hace un tiempo” no quiere salir de casa, está más tiempo en su habitación, pone excusas para no ir a los entrenos o a las actividades que tenía programadas, ha bajado el rendimiento escolar, prefiere más estar solo y no habla tanto con sus amigos, etc…

A estos dos indicadores principales, se añaden otros como son: pérdida o aumento del apetito, alteraciones del sueño, agitación o enlentecimiento psicomotor, fatiga, falta de atención y concentración, sentimientos de culpa o inutilidad y pensamientos negativos.

Como padres, profesores o educadores pueden que sospechar una posible depresión en un niño o adolescente cuando ven que algo ha cambiado, que este niño o adolescente está diferente, que algo no va bien, y además observamos algunos de estos síntomas que hemos comentado antes. Hay un cambio en su funcionamiento, en su día a día.

A partir de ahí, ¿cómo se puede hacer el diagnóstico?, ¿dónde deben acudir?

El diagnóstico de la depresión debe realizarlo un especialista clínico experto y con experiencia en salud mental de la infancia y la adolescencia. Este realizará una entrevista clínica para la valoración psicopatológica del niño o adolescente, y además evaluará también todos los factores del entorno que puedan estar influyendo en su estado actual: familia, amistades, situación escolar o laboral en los más mayores, posibles situaciones adversas recientes, etc. Con todo ello se podrá concluir un diagnóstico adecuado y elaborar un plan terapéutico personalizado que englobe todos los aspectos necesarios para conseguir el objetivo primordial, que es , sin duda, la recuperación del funcionamiento previo, que este niño o adolescente vuelva a encontrarse bien y pueda volver a hacer todo lo que antes hacía con total normalidad.

DRA. MARIA ROMERA TORRENS

PSIQUIATRA INFANTIL