La Memoria

La memoria es un proceso dinámico que nos permite guardar información, datos o experiencias que nos serán útiles para nuestras decisiones futuras.

La memoria es una función compleja del cerebro. Es un ciclo que consiste en recibir señales externas o internas, codificarlas, almacenarlas y recuperarlas. Todo ello no tiene una localización única en el cerebro, se trata de un sistema que funciona en forma de red. El código de la memoria es relacional. Cada experiencia es una nueva conexión, y una misma neurona de la memoria puede estar conectada a más de una red.

Tenemos varios tipos de memoria, que se forman de modo distinto y se guardan en un orden jerárquico. No todos los recuerdos tienen la misma importancia.

La memoria tiene un sentido predictivo. Es decir, los recuerdos influyen en la toma de decisiones. Lo que percibo informa a mi cerebro y educa mis acciones. A su vez, mis acciones generan cambios en el entorno que percibo. De ese modo mantenemos el ciclo de la memoria activo de forma indefinida. La memoria tiene capacidad predictiva. Así aprendemos y construimos nuestra personalidad y biografía particular.

Algunas redes, pero, son compartidas, como la cultura o los códigos del lenguaje que usamos para comunicarnos.

La solidez y durabilidad de un recuerdo están relacionadas con las circunstancias emocionales en las que se han adquirido. Las emociones pueden ayudar a fijar mejor algunas experiencias o ejercer una influencia completamente inhibitoria.

La mayoría de funciones mnésicas están localizadas en el sistema límbico, curiosamente, compartido por las emociones, pero no existe un almacén único en el cerebro. Las diferentes “ memorias” están ubicadas en distintas localizaciones especializadas. Los recuerdos de infancia no se encuentran en el mismo espacio de las palabras, por ejemplo, aunque para tomar decisiones a menudo debamos activar diferentes áreas simultáneamente.

Tipos de memoria

Según la durabilidad del recuerdo, hablamos de memoria a corto plazo, memoria a medio plazo y memoria a largo plazo.

Según el tipo de información, distinguimos la memoria explícita o declarativa y la memoria implícita o procedimental.

La memoria declarativa es la que contiene información acumulada por el conocimiento del mundo y los conceptos aprendidos (memoria semántica) o sobre las experiencias vividas (memoria episódica).

La memoria procedimental está implicada en el aprendizaje de habilidades motoras o cognitivas. Por ejemplo escribir o hacer cálculo mental.

Adquisición de la memoria

La memoria, como cualquier otra función cerebral, se desarrolla a lo largo de la vida. La capacidad para memorizar va variando a lo largo de la vida, tanto cuantitativa como cualitativamente

En los primeros años de la vida tenemos un gran capacidad para consolidar la memoria procedimental.

En la adolescencia y la juventud adquirimos conocimientos (memoria semántica) con mucha facilidad.

En la edad adulta vamos sustituyendo la capacidad de memorizar información, por la capacidad de relacionar la información que hemos acumulado en los años previos.

En la vejez sana seguimos aprendiendo, pero a una velocidad menor.

Las competencias alcanzadas en memoria son diferentes de un individuo a otro, también por cantidad y por calidad, pero garantizar unos mínimos es vital para la correcta adaptación al entorno.

Enfermedades de la memoria

La Demencia Tipo Alzheimer es el paradigma de las enfermedades de la memoria, pues consiste en la pérdida progresiva de neuronas cerebrales, que se inicia en el hipocampo (o centro de operacional de la memoria), pero no es la única.

Cualquier proceso físico que provoque pérdida de neuronas puede influir en la capacidad para memorizar o en la facilidad para perder recuerdos.

Los traumatismos craneoencefálicos, por ejemplo, cuando son severos, cursan con una amnesia lacunar: no pueden recordar el episodio traumático, y según la cantidad de tejido cerebral dañado, pueden haber perdido recuerdos autobiográficos, habilidades,..

La mayoría de tóxicos provocan alteraciones en las estructuras encargadas de guardar información. La intoxicación crónica por alcohol puede provocar una enfermedad llamada Wernicke-Korsakov, que consiste básicamente en la incapacidad para guardar información.

Los accidentes vasculares cerebrales pueden dejar secuelas definitivas sobre neuronas en las que se habían depositado recuerdos.

Como decíamos anteriormente, las emociones juegan un papel muy importante en el proceso de memorización. Todas las enfermedades psiquátricas, como la depresión, cursan con trastornos de atención y memoria, que mejoran al ser tratadas adecuadamente.

Cómo mejorar nuestra memoria

La salud de la memoria está íntimamente relacionada con la salud global. Está definitivamente probado que los buenos hábitos mejoran nuestro rendimiento cognitivo.

La dieta mediterránea (frutas, verduras, pescado, frutos secos y vino) favorece la circulación y reduce los procesos de oxidación, por lo que protege a nuestro cerebro.

El descanso nocturno facilita el almacenamiento de información.

El ejercicio físico aeróbico mejora el rendimiento intelectual.

Una vida socialmente activa potencia las redes neuronales, y por lo tanto mantiene vivo el ciclo de la memoria de trabajo.

Como podemos ayudar a las personas que sufren enfermedades de la memoria

Debemos estimularle a intentar ser autosuficiente. Que siga desarrollando aquellas actividades que todavía conserva.

Es importante mantener sus rutinas, y si no tiene, crearlas.

Montaremos álbumes de fotografías de su biografía para facilitarle la evocación de recuerdos.

El ejercicio físico diario será de gran utilidad.

Procuraremos realizar la mayor parte de tareas por la mañana, cuando esté más descansado.

Evitar siestas largas, que puedan mermar el sueño nocturno.

Mantendremos un nivel de conversación adecuado a sus posibilidades para facilitarle la comunicación.

Le daremos tiempo para sus respuestas, no debemos presionarle.

Evitaremos la frase “¿no te acuerdas?”, ya que sería lo mismo que pedirle caminar a alguien que ha perdido las piernas.

Y sobretodo: no debemos culpabilizar al paciente de sus fallos, la responsable es la enfermedad.

Anna Pujol

NEUROLOGÍA